Política exterior incongruente | Querétaro

Política exterior incongruente

Gustavo Mendoza Ávila

La violencia nunca tendrá justificación, provenga de donde provenga. En casi la totalidad de los conflictos, la lógica del poder al hacer uso de la violencia, es someter al otro a su “verdad” y a sus intereses.

También la violencia tiene límites. Las guerras de destrucción total —se suponía— acabaron hace muchos años. La guerra moderna —también se suponía— era más quirúrgica: generar un daño limitado a la infraestructura bélica del adversario para obligarlo a negociar la paz, y para acelerar el regreso a una nueva “normalidad”, en el menor tiempo posible y con el menor sufrimiento de la población.

La violencia que ejerce Rusia sobre Ucrania no oculta las intenciones del nuevo dictador ruso, Vladimir Putin, de volver al stalinismo, de recuperar la “grandeza” de la URSS a cualquier costo y con cualquier pretexto.

Las imágenes de bombardeos a instituciones donde expresamente se anuncia que hay niños, muestra la crueldad e inhumanidad de Putin. Los objetivos han dejado de ser los militares para concentrarse en el daño a la población civil.
Desde hoy podemos afirmar que Putin pasará a la historia como el Hitler del siglo XXI, que amenaza con destruir a la humanidad con bombas atómicas si no se cumple su capricho.

A los mexicanos nos duele el sufrimiento de los ucranianos. Y nos duele la indiferencia de nuestro presidente que actúa como si hubiera una violencia justificable: la que él ejerce todos los días hacia sus críticos, o la violencia de sus amigos Raúl Castro, Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Vladimir Putin, entre otros; frente a la violencia censurable de quienes no piensan como él, de la nacionalidad que sean. Es su ideología lo que justifica su actitud, no la verdad, no la persona, y menos la posibilidad de trabajar juntos en la construcción de un bien que incluya a todos.

Aunque ya no sorprende la doble moral y la incongruencia de AMLO, que cercena y manipula el texto del artículo 89 constitucional a su conveniencia, es necesario hacerle saber al mundo que los mexicanos no compartimos esa visión y no nos sentimos representados por sus decisiones. 

Putin, Castro, Ortega y Maduro son asesinos y México no aprueba ni su dictadura ni sus crímenes. Como también reprobamos los abusos de los Estados Unidos y de todos aquellos países que priorizan sus intereses sobre el bien de otras naciones. La única violencia “justificable” es la de la legítima defensa, y no en términos absolutos, sino bajo ciertos parámetros morales y circunstancias.

Molesta, y mucho, que diputados de Morena y del Partido del Trabajo, y con ellos la 4T, hayan tomado parte en el conflicto al instalar en la Cámara de Diputados el Grupo de Amistad México Rusia; que irracionalmente le compren a México un conflicto internacional y, especialmente, que quiten del artículo 89 principios de política exterior como “la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos; y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.”

Las aficiones ideológicas del presidente y su partido comprometen la posición internacional de nuestro país. Su visión —corta y limitada— no le permite reconocer y aceptar la realidad de la invasión rusa sobre Ucrania.
Las limitaciones y vicios personales no se pueden convertir en bienes y virtudes públicas; ni gobernar con caprichos y ocurrencias. Congruencia, señor presidente.   

 

Periodista y maestro en seguridad nacional  

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