Lo que se mide, se puede mejorar | Querétaro

Lo que se mide, se puede mejorar

Agustín Dorantes

“Lo que se mide, se puede mejorar”: este es el lema del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), la institución encargada de medir la pobreza en los diferentes estados que conforman el país y de evaluar las políticas de desarrollo que los gobiernos implementan para consolidar un México más justo y de oportunidades para todas y para todos.

Tal y como mencioné en mi columna anterior, hasta antes de 2002, no se contaba en nuestro país, con una metodología oficial de medición de la pobreza. Hoy, gracias al Coneval y a sus indicadores, tenemos certeza y claridad, ello debido a la estadística y a las cifras cuantificables que la institución emite tras haber realizado una serie de profundos análisis a lo largo y ancho del territorio mexicano.

Gracias a los estudios emanados del Consejo, hoy sabemos que, en 2020, el 43.9% de la población se encontraba en situación de pobreza, mientras que en 2016 y en 2018, eran el 43.2% y el 41.9% respectivamente. En estos mismos intervalos de tiempo, el porcentaje de población pobreza extrema era del 7.2%, en 2016; 7.0%, en 2018 y 8.5% en 2020.

Es indispensable mencionar que, contrario a lo que comúnmente se piensa, pobreza no es sinónimo de vulnerabilidad. En 2016, el 25.3% de la población era vulnerable por carencias sociales, y el 7.6% era vulnerable por ingresos; en 2018, el 26.4% era vulnerable por carencias y el 8.0% lo era por ingresos; en 2020, el 23.7% era vulnerable por carencias y el 8.9% era vulnerable por ingresos. En contraste, en 2016, sólo el 24% de las y los mexicanos no eran ni pobres, ni vulnerables; en 2018, está cifra disminuyó a 23.7% y en 2020 lo volvió a hacer a 23.5%.

Con esta información, se pueden utilizar los recursos públicos de manera eficaz, eficiente y organizada, en otras palabras, estos estudios y estas metodologías ayudan a dirigir los recursos a donde verdaderamente tienen que ir.

Ello gracias a que, con los datos, se pueden tomar decisiones con la mejor información disponible:  cuáles son las áreas que requieren de mayor atención, en cuáles se ha avanzado y en cuáles no, para dar tiros de precisión, para establecer las áreas en las que es necesario centrar los esfuerzos institucionales, y así, tener el efecto esperado en las decisiones de política pública.

El avance y retroceso del desarrollo social dependerá, en gran medida, en la manera de cómo se focalicen los esfuerzos, acciones y estrategias para el combate de la pobreza, pobreza extrema y la desigualdad social, así como de su contribución a la estrategia estatal de desarrollo. En este sentido, se tiene que reconocer la importancia de medir.

Llevar los datos a un mayor nivel de desagregación, en este caso a nivel local, nos permite afinar el lente con el que observamos el gran reto que enfrentamos, nos permite confirmar que Querétaro es un estado heterogéneo, donde el fenómeno de la pobreza y el ejercicio de los derechos sociales se presenta de manera diferenciada entre los municipios: tenemos municipios donde 7 de cada 10 habitantes son pobres (como Pinal de Amoles), en contraste con otros donde son tan solo 2 de cada 10 personas tienen esta condición (como Corregidora); también, tenemos municipios donde se redujo el volumen de población en pobreza entre 2015 y 2020  (como Cadereyta de Montes, Tolimán, y Jalpan de Serra) y otros donde la pobreza aumentó (como Querétaro, El Marqués, y Corregidora que son predominantemente urbanos). 

Hay que tener claro que la estrategia a implementar en materia de desarrollo social debe reconocer las particularidades de cada municipio. Indudablemente, los alcaldes y sus equipos ahora podrán dimensionar los retos a los que se enfrentará cada uno en materia de pobreza, pobreza extrema y vulnerabilidad y, por otro lado, hará posible que las políticas sociales estén focalizadas en los grupos o personas que viven en tales condiciones. 

Secretario de Desarrollo Social de Querétaro

Comentarios