La Navidad y los años | Querétaro

La Navidad y los años

Gerardo Proal de la Isla

La celebración de esta Nochebuena está a tan solo un paso junto con la llegada de Navidad y los días subsecuentes que en una cuenta regresiva concluirán otro año más, de esos que se guardan en el cajón de los años difíciles. Será seguramente uno de esos que marcan ajustes de ruta en el mapa del camino de la humanidad entera. 

Los años invariablemente dan y traen consigo cosas buenas y malas, suelen ser generosos en brindarnos un periodo más para aprender que esta vida es breve y que la felicidad no es un destino sino un estilo de andar aún en los riscos y los barrancos. Este 2021 se ha caracterizado por ser uno en el que la crudeza ha hecho gala de elocuencia a lo ancho y redondo de todo el planeta.

Algunos años, además de darnos y traernos sus peculiaridades, suelen también arrebatarnos de golpe, escudados en la ironía del azar. Así, sin más ni más se llevan sueños, ilusiones, estabilidades, salud, armonía e inclusive vidas. Provocan entonces que estas fechas estén acompañadas de una festiva nostalgia y  de silenciosas ausencias. Es cuando en la mesa  de la noche del 24, se recuerden y añoren otras

Nochebuenas, desde aquellas con la inocencia de la infancia cuando todo eran ilusiones, abrazos y sonrisas, hasta las que vamos viviendo conforme nuestra edad avanza y es cuando en ocasiones tenemos sentimientos encontrados. 

Sin embargo, es valioso mencionar que en absolutamente todas esas noches previas al día de Navidad, siempre debe haber un espacio para la reflexión y  la gratitud, refrescando la memoria del corazón que no olvida a quienes nos han dado casi todo lo que somos y arroparnos en nuestras creencias para fortalecer nuestra espiritualidad, algo de lo que también —además de la inteligencia— nos caracteriza a los seres humanos y que es indispensable para el bien de las personas.

Fuimos niños, con la enorme ilusión que ello nos significaba; fuimos jóvenes a quienes nos dieron la oportunidad de convivir con los adultos para sentirnos importantes; fuimos hijos que celebramos con nuestros padres y hermanos; fuimos enamorados que compartimos con nuestra pareja; fuimos padres que tratamos de mantener y conservar las tradiciones para nutrir las ilusiones de nuestros hijos; fuimos mayores, para comenzar a cosechar recuerdos; fuimos suegros que abrazamos a nuevas familias de las que forman y formamos parte; fuimos abuelos que abrazamos a los nietos con la renovada ilusión para ellos; seremos  al final del camino, uno de esos recuerdos que nos acompañan en la cena de Nochebuena.

Para quienes no celebran la Navidad, seguramente en los días importantes de sus propias creencias religiosas les ocurre algo similar con lo que pasa a quienes celebramos esta temporada final del año. El considerar la cultura popular como parte del enriquecimiento espiritual, nos dará siempre la posibilidad de atesorar aquello que supera con creces los regalos materiales y que cada vez adorna más nuestro muy personal y familiar árbol de Navidad. 

A pesar de las adversidades que muchos vivimos en la actualidad, siempre hay algo más que dar a los demás y también que podemos recibir con las más amplia esperanza y la más profunda gratitud. 

Felices fiestas para todos aquí y más allá de la geografía de este Querétaro nuevo que deseamos conservar.

 

@GerardoProal

Comentarios