24 / junio / 2021 | 20:00 hrs.

La importancia de llamarse... Juanita

Marcela Ávila-Eggleton

Con la designación de Evelyn Salgado —hija de Félix Salgado— como candidata a la gubernatura de Guerrero ha cobrado nuevo auge la práctica, creada por el hoy Presidente de la República —y replicada por partidos de todos los colores— de brincarse las reglas para imponer personas en cargos de representación y gobierno. Buscar burlar las reglas a toda costa no es una práctica nueva en nuestro sistema político, pero alcanzó su punto máximo de creatividad —hay que reconocerlo— y cinismo con la creación de la figura de Juanito y, posteriormente, de las Juanitas.

Para la memoria. Surgió en 2009 cuando, tras la negativa del TEPJF de dar el registro a Clara Brugada para la jefatura delegacional de Iztapalapa, López Obrador propuso en un mitin a sus seguidores no votar por la candidata de su entonces partido, el PRD, sino por el candidato del PT al gobierno delegacional, Rafael Acosta Ángeles, alias Juanito (comerciante ambulante, mesero y actor de reparto; seguidor convencido del autodenominado “presidente legítimo”) a quien hizo jurar que, en caso de ganar, renunciaría al cargo para que el Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, propusiera a la Asamblea Legislativa del D.F. a Clara Brugada para sustituirlo. Tiempo después varios partidos simularon cumplir la cuota de género vigente (60-40), postulando mujeres con suplentes varones. Ya en los cargos, las mujeres renunciaron o pidieron licencia para que sus suplentes ocuparan la posición. La voz popular las nombró Juanitas. 

A casi doce años del suceso se siguen manteniendo las mismas prácticas: desprecio por la ley y las instituciones; supremacía de la lealtad absoluta sobre la trayectoria y la capacidad e imposición con pseudoargumentos democráticos. Dichas prácticas no sólo insultan a las y los ciudadanos y violentan el sistema democrático sino desprecian a las militancias de los partidos, ignorándolas y excluyéndolas de la posibilidad de participar.

Resulta increíble que en Guerrero no hubiera aspirantes de Morena que cumplieran los requisitos y tuvieran la experiencia y la capacidad para gobernar un estado tan complejo. Las decisiones verticales, sospechosamente ratificadas por las encuestas, han sido cuestionadas en prácticamente todas las entidades y agravian a quienes han trabajado por la construcción de su partido.

La designación de Evelyn Salgado sólo debería sorprendernos si partimos del prejuicio de que el presidente López Obrador habla en serio cuando anuncia su cruzada contra la corrupción, la simulación y el nepotismo. En aquel mitin en Iztapalapa, en 2009, López Obrador justificó la maroma alegando que se trataba de una acción que buscaba que “se lleve a la práctica la voluntad del pueblo y se haga un gobierno […] como lo merece la gente buena, trabajadora, noble, gente extraordinaria de Iztapalapa”. ¿Qué se merece la ciudadanía de Guerrero? Una alternativa que le permita mejorar sus condiciones de vida en un estado en el que el 80% de la población vive en condiciones de pobreza y pobreza extrema, azotado por el crimen organizado y la violencia o una maroma para darle gusto a un fiel amigo que respalda las bravuconadas de su jefe.

Si Evelyn Salgado gana ojalá gobierne para el bien de las y los guerrerenses; si pierde, ojalá reconozca su derrota; a diferencia de la lamentable incapacidad de hacerlo del creador del concepto de Juanito que hoy vive en Palacio Nacional.

 

Twitter: @maeggleton

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