Honestidad y corrupción

José Alfredo Zepeda Garrido

En el transitar de la humanidad, desde tiempo inmemorial y en las concepciones propias de cada época y lugar, se presenta la contraposición de lo honesto y lo deshonesto; las ideas morales resultan variables, el entendimiento del bien y del mal pueden observarse distintos en diferentes culturas.

En la actualidad, en la mayor parte del mundo se han aceptado como universales principios y derechos que debieran defenderse y hacer valer las naciones, tal es el caso de los derechos humanos.

En el ámbito de la política, del medio ambiente y de la economía también, se han incorporado principios y organizaciones que buscan regular actuaciones relevantes para el mundo, entre las naciones y al interior de cada país es sus ámbitos de soberanía, comprendiendo la relevancia de respetar los acuerdos y hacerlos cumplir, tanto al interior como lo que compete al exterior de cada nación, procurando armonizar los quehaceres de la actividad humana y la sostenibilidad (del desarrollo que asegura las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de futuras generaciones). No cumplir con los acuerdos nacionales e internacionales por parte de los funcionarios públicos, resulta deshonesto y debería considerarse como una forma de corrupción.

Según la Real Academia Española, en las organizaciones, especialmente en las públicas, la corrupción se define como la práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores. También puede definirse, de manera semejante, como el fenómeno por medio del cual un funcionario público es impulsado a actuar de modo distinto a los estándares normativos del sistema para favorecer intereses particulares a cambio de una recompensa. Estas son acciones deshonestas.

La deshonestidad y la ilegalidad tienen muchas formas de identificarse y expresarse, su significado incluye una diversidad de conductas, entre las que se pueden mencionar el robo en sus diversas modalidades, el fraude, el secuestro, el tráfico de drogas o la trata de personas, el asesinato, la mentira y el engaño, la complicidad, la difamación, la calumnia y la manipulación, entre muchas otras que están tipificadas como delitos y también muchas que no lo están. En cuanto a la manipulación, puede referirse al individuo o grupo de personas que ejerce una toma de control del comportamiento de una persona o de un grupo, utilizando para ello técnicas de persuasión o de sugestión mental, en busca de eliminar las capacidades críticas o de autocrítica de la persona, esto es, su capacidad de juzgar o de rehusar informaciones u órdenes.

La demagogia, la mentira y la manipulación en la política y en los gobiernos resultan frecuentes; ningún partido político y gobierno logra integrarse por individuos que sean todos honestos, el anhelo o utopía sería que sí lo fueran. Resulta erróneo afirmar que todos los políticos o gobernantes son corruptos o deshonestos, sí existen aquellos que son honorables y se esfuerzan por servir cabalmente, el gran reto es reconocerlos y elegirlos. 

Sin lugar a duda, existen personas que procuran dirigir su vida y sus acciones de manera honesta, pero una gran proporción no lo hacen.  

 

Ex Rector de la UAQ. 
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