Cambio desde raiz | Querétaro

Cambio desde raiz

Niels Rosas Valdez

El Día Internacional de la Mujer, conocido como 8M, y el paro nacional de mujeres, llamado 9M, nos han conducido a un diálogo, cobertura y análisis en torno a la lucha por la igualdad y equidad de género. Esto ha ayudado a crear consciencia y fomentar las buenas prácticas y entendimientos de comportamiento y coexistencia en la sociedad. Sin embargo, no ha sido el único resultado generado.

En el marco del 8M y 9M se efectuaron una serie de actividades. Por ejemplo, se desarrolló una marcha pacífica en la que participaron mujeres comprometidas por un futuro mejor, a la que acudieron autoridades de varias universidades, personal de dependencias gubernamentales, estudiantes, madres, etc. Al igual que en muchos puntos del país, no hubo destrozos, no hubo violencia y no hubo ninguna mala voluntad, por si acaso fuera necesario mencionarlo.

Hubo otras actividades en universidades, escuelas, instituciones de gobierno, etc., en forma de talleres, pláticas, conferencias y demás para adentrarnos a lo que significa la lucha de las féminas por la igualdad y equidad de género en múltiples cuestiones. Hubo muy interesantes eventos, pero lo cierto es que la gran mayoría de la audiencia estaba compuesta por mujeres.

Lo anterior es preocupante. Ciertamente, el número de hombres que acuden o siguen estos eventos dedicados al 8M ha aumentado en los últimos años, resultado de varias condiciones, entre ellas el encaminamiento, por parte del sector educativo y laboral, particularmente, de entender, seguir y procurar la perspectiva de género en las decisiones y acciones que se toman. Esto ha sido un avance muy favorable, pero no es suficiente. Entre más personas, sobre todo hombres, estén conscientes de la lucha por la  importancia de la igualdad y equidad de género, podemos continuar rompiendo la cadena que aprisiona a las féminas.

En este mismo sentido es importante mencionar que otro de los efectos del 8M es la elaboración de los “tendederos”, que son cuerdas instaladas en donde se colocan comentarios de denuncia e imágenes de personas que han acosado a mujeres. Los tendederos han cobrado mucha importancia sobre todo en escuelas y universidades, en donde, lamentablemente, el acoso se efectúa.

La intención de los tendederos es doble, en principio. Un primer resultado es el de denunciar y exhibir a la persona que cometió acoso o peores acciones. El segundo,  es disuadir a las personas a que cometan lo  mencionado. En el primer caso, más allá de la denuncia, que en ese entorno no es legal, oficial ni vinculante, el objetivo es condicionar y cambiar el comportamiento de las personas denunciadas.

Siendo pragmáticos, este efecto puede traer al menos dos reacciones. La primera es que efectivamente pueda moldear y cambiar para bien el comportamiento de la persona denunciada. No obstante, la segunda es una respuesta contraria, es decir, que el señalamiento y culpa social detone en un rencor hacia las mujeres o un mayor grado de misoginia.

Los tendederos son mecanismos correctivos. Sin embargo, el cambio debe venir desde la raíz, desde la educación en casa y la escuela. Es ineludible educar con perspectiva de género. No vamos mal, se han alcanzado avances prometedores, pero debemos continuar por el camino de la apertura y convicción por la igualdad y equidad de género y por ello la educación en este ánimo es fundamental.

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