Aquella libertad | Querétaro

Aquella libertad

Gerardo Proal de la Isla

Hoy es un tiempo muy distinto al de unas décadas atrás. Muchos cambios sociales y culturales, propiciados en especial por la evolución de la tecnología, la cual nos ha llevado a posibilidades insospechadas y seguramente habrán muchas más que no dejarán de sorprendernos. 

En cualquier sala de espera puedes tomar tu celular y reproducir múltiples videos, leer tu novela del momento o enterarte de las noticias en tiempo real. Tomando un café, puedes realizar operaciones bancarias o compras, acordar términos y cerrar negociaciones.  La oficina la llevas práctica y literalmente en un dispositivo. Las casas inteligentes, espacios donde con una simple instrucción puedes activar encendido de múltiples aparatos, elegir música o entablar una videollamada con afectos cercanos al corazón y lejanos en la distancia. 

Jamás hubiéramos pensado en tener innumerables opciones de entretenimiento frente al televisor como las tenemos en la actualidad, ya sean programas, series, películas o juegos  para todas las edades, gracias al internet.

En contraparte, el paso del tiempo nos ha arrebatado otras muchas opciones, que aunque llenas de simplicidad, tenían antaño un enorme valor para muchos de nosotros. Los espacios físicos en los hogares se fueron haciendo más pequeños, como consecuencia de la evolución que han tenido los precios inmobiliarios a lo largo del tiempo, buscando reducir hasta donde apenas parece caber la dignidad de una familia, convirtiendo en un lujo los juegos en jardines, ya que hoy los jardines mismos son un verdadero lujo. 

El crecimiento de los índices de inseguridad han cancelado en gran parte el libre uso de los espacios comunes y abiertos en los que de niños solíamos ir a jugar con amigos sin la necesidad de una supervisión constante de los adultos. En los accesos a colonias y condominios, debemos identificarnos y salvar casetas de vigilancia donde, de manera discrecional, nos piden desde la identificación hasta la revisión de nuestros vehículos. 

Hay también que tener cuidado en la manera de expresarnos ante los demás para evitar cometer algún error que pudiera ser considerado una ofensa por razones que antes ni siquiera pasaban por nuestra mente. Todos estamos expuestos a videos en tiempo real y a muchas otras maneras de ser ubicados y seleccionados por algoritmos que van haciendo un registro detallado de nuestra vida cotidiana. 

En fin, quienes nacimos y tenemos uso de razón antes de la explosión tecnológica, estamos pagando un costo demasiado alto por disfrutar de la modernidad: hemos perdido libertad y privacidad. Se ha quedado atrás aquella que tuvimos para considerar cada día una aventura en la que los riesgos eran otros, a los que los que hoy enfrentamos.

Nos sentíamos plenos y satisfechos con mucho menos que lo que en estos días suele ser el estándar de cualquier comunidad.  Pareciera que el concepto de libertad ha ido cambiando también con el paso del tiempo. 

La verdad es que se extraña mucho el tiempo aquel, cuando ser feliz estaba más ligado a la convivencia y cosas mucho más sencillas  y simples que nos permitían establecer mayor contacto con nuestro entorno  y con nuestros afectos. Era una libertad muy distinta a la que vive hoy el mundo y este Querétaro nuevo que deseamos conservar.

@GerardoProal

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