17 / septiembre / 2021 | 23:34 hrs.

AMLO y empresarios: ¿alguien soltará al tigre?

Mario Maldonado

El resultado de las elecciones intermedias, que refrendará o debilitará la abrumadora mayoría con la que Andrés Manuel López Obrador y su partido Morena llegaron al gobierno en 2018, generará efectos postelectorales de pronóstico reservado en la relación del presidente y los empresarios.

Lo cerrado de los resultados en la Cámara de Diputados federal y en por lo menos ocho de los 15 estados que votaron por un nuevo gobernador este domingo, anticipan batallas en los tribunales electorales y también en la Fiscalía General de la República, debido a que por lo menos dos candidatos punteros –el de Nuevo León, Samuel García, y el de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo– enfrentan acusaciones por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. 

El caso de Nuevo León es uno de los más emblemáticos, pues en Monterrey, cuna de la industrialización mexicana, viven y despachan algunos de los empresarios más poderosos del país, quienes no han visto nada bien la injerencia del presidente López Obrador en las elecciones a nivel nacional y mucho menos en su estado. Si bien los hombres y mujeres de negocios de la capital regiomontana apoyaban al candidato de la alianza PRI-PRD, Adrián de la Garza, no verían bien que desde la FGR se buscará bajar al candidato de Movimiento Ciudad, Samuel García, en favor de la aspirante de Morena, Clara Luz Flores. 

Los conflictos postelectorales incluyen una postura más firme de los empresarios y del árbitro electoral –el INE–, mientras que por el lado del presidente López Obrador y su partido Morena, apuntan también a un endurecimiento, sobre todo si los resultados electorales no les favorecen. El nivel de enfrentamiento es, por ahora, de pronóstico reservado, pero ciertamente será muy diferente al escenario postelectoral de 2018. 

Las elecciones de 2018 estuvieron precedidas por un clima de hostilidad entre AMLO y los grupos de poder, principalmente los empresarios, algunos de los cuales llamaron a no votar por el entonces candidato de Morena a la Presidencia de la República. Durante la campaña electoral, multimillonarios como Germán Larrea, de Grupo México; Alberto Baillères, de Grupo BAL; José Antonio Fernández, de FEMSA; Sergio Argüelles, de  Finsa, y Eduardo Tricio, de Aeroméxico y Lala, fueron algunas de las voces que se opusieron a la candidatura de López Obrador, argumentando que sus políticas eran contrarias a la inversión privada y, por consiguiente, para la estabilidad del empleo de sus trabajadores. 

La campaña, que evocaba a la de 2006 y 2012: “López Obrador, un peligro para México”, enfureció a AMLO y lo llevó a amenazar con “soltar al tigre” si no se respetaban los resultados de la elección. En marzo de 2018 advirtió en la Convención Bancaria que, en caso de un ‘fraude’, se soltaría un ‘tigre’ y él no detendría a la gente, por lo que pidió al presidente en turno, Enrique Peña Nieto, garantizar que las elecciones fueran limpias.

Y así sucedió: Morena arrasó en las elecciones presidenciales y legislativas. Se respetó la decisión de los ciudadanos y AMLO se convirtió en el presidente más votado de la historia de México. Los empresarios, entre ellos los que lo criticaron y pidieron a sus trabajadores sabotear su triunfo, publicaron un video en el que reconocieron la victoria. 

El video recopiló voces como las de Claudio X. González, presidente de Kimberly-Clark; Alejandro Ramírez, de Cinépolis; Eduardo Tricio, de Lala y Aeroméxico; José Antonio Fernández, presidente de Grupo FEMSA; Carlos Danel, de Gentera; Antonio del Valle, presidente del Consejo Mexicano de Negocios; María Asunción Aramburuzabala, de Tresalia Capital; Daniel Servitje, de Grupo Bimbo, y Blanca Treviño, presidenta de Softtek.

Hoy la mayoría de estos empresarios está, de nueva cuenta, enfrentada con el presidente. La apuesta de los inversionistas es que, por lo menos, Morena pierda su mayoría en el Congreso federal; por su lado, AMLO buscará a toda costa mantener su hegemonía, echando mano de todos los recursos del Estado. El escenario postelectoral es muy diferente al de 2018, con más encono y polarización, y con la posibilidad de que, ahora sí, se “suelte al tigre”, haciendo alusión a aquella metáfora de marzo del 2018. 

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