Violencia política

Maricruz Ocampo Guerrero

A lo largo de los siglos las mujeres hemos buscado transmitir a los hombres en el poder, la necesidad de reconocer e incorporar a las mujeres en la vida política. Desde Christine de Pizan en el siglo XV, hemos insistido en poner en el ojo de la opinión pública la lucha por nuestros derechos.

Sin embargo pareciera que aun cuando cada vez contamos con formas más eficientes de compartir información, incluso en tiempo real, el mensaje feminista sigue transmitiéndose desde un micrófono que parece deformar la urgencia de nuestras voces.

De acuerdo con el Proyecto de Monitoreo Global de Medios, aun cuando las mujeres comprendemos el 52% de la población, los hombres aparecen en el 84% de las notas informativas sobre política y gobierno.

Las recientes expresiones de violencia en contra de mujeres que participan en la vida política han sido denunciadas como delitos y sentenciadas por los tribunales electorales. Sin embargo, dichas agresiones son calificadas como una mera exageración por los actores políticos que entienden esta forma de violencia como algo que viene con el territorio.

Aun cuando la difusión de estos actos en medios de comunicación ha traído a la conversación cotidiana el término “violencia política”, no ha servido para transmitir el mensaje central: que la violencia política contra las mujeres es resultado de la discriminación y la desigualdad y que una organización periodística o un partido político que naturaliza la discriminación es cómplice de esa violencia.

Al seleccionar la información que presentan al público, los medios de comunicación dan prioridad aquellos elementos que cumplen con su línea editorial. Y es precisamente en esta parte del proceso de comunicación en que, con intención o sin ella, reproducen conductas estereotipadas sin reflexionar en la manera en la que la nota periodística o el spot publicitario perpetúa la desigualdad y la discriminación que viven las mujeres que participan en la vida pública.

Los medios de comunicación son, tal vez, la mayor influencia para una sociedad que trata de comprender la vida política. Son los medios los que que con frecuencia, desde una visión androcéntrica que no cuestiona sus privilegios, proyectan a las mujeres en la política como personajes secundarios, accesorios y domésticos. Pareciera que los medios se niegan a comprender que la manera en la que presentan a una mujer en la nota periodística perpetúa esa desigualdad y la discriminación. Una visión devastadora para las mujeres que participan en la vida política, en el activismo y en la función pública.

Incorporar la agenda feminista al imaginario político ha requerido de la llegada de mujeres comprometidas a espacios que por mucho tiempo fueron exclusivos de los hombres. Este avance viene acompañado de una mayor violencia política en los medios que se niegan a cambiar su visión de las mujeres y de los patriarcas de la política que se resisten con todas sus fuerzas a compartir el poder.

 

 

 

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