Tres amigos y un cartel inmobiliario en CDMX

15/09/2020
09:31
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Corría la década de los noventa en la facultad de Derecho de la UNAM, donde coincidieron dos jóvenes estudiantes que a la postre acumularían mucho poder en la capital del país, pero también serían recordados por su mala gestión y negocios multimillonarios.

Cuando Miguel Ángel Mancera y Fausto Galván Escobar lograron graduarse, no sabían que se convertirían en políticos con mucha suerte y artífices del famoso cartel inmobiliario de la CDMX. En esos años, el joven abogado Galván Escobar trabajaba como agente de ventas de la inmobiliaria BAITA, de la que con el tiempo se convertiría en apoderado legal y contrataría como abogado externo a su viejo amigo de la facultad, Miguel Ángel Mancera.

La inmobiliaria BAITA, donde los dos amigos comenzaban a hacer sus primeros negocios, era propiedad del ingeniero Simón Neumann Ladenzon, empresario de la comunidad judía. Los tres personajes se entendían bien y con el tiempo se convirtieron en socios.

En esa época, Fausto Galván le vendió un departamento a Miguel Ángel Mancera al sur de la CDMX, en la colonia La Joya, en Tlalpan, donde este último viviría con su madre. Después le ofrecería otra propiedad en un nuevo desarrollo ubicado en la calle Cruz Verde, en la colonia Los Reyes, Coyoacán. Comenzaba a fraguarse lo que sería una amplia red de intereses y negocios millonarios al amparo del poder.

La relación entre los dos abogados y el ingeniero se fue fortaleciendo y era cada vez más cercana, al grado de que cuando Mancera llegó a ser procurador, cerró todas las denuncias que había contra Simón Neumann y BAITA. De igual forma, todos los contratos para tareas de construcción y remodelación en la procuraduría fueron otorgados a una empresa recién creada por Fausto Galván.

La suerte les siguió sonriendo y durante la campaña de Mancera a jefe de Gobierno, Neumann y Galván fueron los encargados de “pasar la charola” entre los empresarios inmobiliarios de la ciudad, con la promesa de que cuando Mancera ganara nombraría a Neumann como secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda. Y así fue: Miguel Ángel Mancera ganó la elección y le dio a Simón Neumann la titularidad de la Seduvi, desde donde inundó la ciudad con construcciones y permisos, muchos de ellos irregulares, según las denuncias, depredando zonas protegidas y ampliando polígonos en las 16 alcaldías.

Por su parte, en 2013 Fausto Galván fue nombrado coordinador General de Gestión para el Crecimiento y Desarrollo de la Ciudad, en la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco), desde donde creó su propia inmobiliaria y se encargó de cobrar las cuotas por permisos y demás negocios que hacía con sus dos amigos. Desde esa posición y mediante la firma de contratos millonarios, le otorgó la cartera vencida del Instituto de Vivienda de la CDMX (INVI) y de otras dependencias de gobierno, a otro viejo amigo del clan: el abogado Luis Osorio.

Al final, Osorio terminó por quedarse también con el departamento de la calle Cruz Verde, en Coyoacán, el mismo que Galván le había dado a Mancera años atrás.

En octubre de 2014, luego de meses de presiones por parte de asociaciones de vecinos y de algunos diputados y delegados, Simón Neumann fue removido del cargo en medio de señalamientos de corrupción y acusaciones de violaciones a los usos de suelo y permisos irregulares. Por su lado, Fausto Galván duró en su encargo hasta principios de 2018.

La gestión de ambos pasaría a la historia como una de las más desastrosas y de presunta corrupción de las que se tenga memoria.

Otro beneficiado del clan que controlaba el llamado cartel inmobiliario fue el abogado Marco Antonio Velasco Arredondo, quien era pasante y amigo de Miguel Ángel Mancera y a quien este último designó para hacerse cargo de todos los asuntos y negocios relacionados con la inmobiliaria BAITA. A principios de 2018, Velasco Arredondo fue premiado por Mancera, pues lo nombró Magistrado en el Tribunal Superior de Justicia local, donde continúa actualmente.

La historia del tristemente célebre cartel inmobiliario de la Ciudad de México tiene muchos actores y beneficiarios, pero sin duda Simón Neumann y Fausto Galván fueron dos de sus protagonistas más importantes y menos recordados.

Ambos fungieron como bisagra entre servidores públicos y desarrolladores inmobiliarios.

Es una historia mucho más compleja y con más aristas, sobre la cual la actual jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, tiene pleno conocimiento y está actuando en consecuencia.  

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