30/06/2020
05:01
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Una sociedad plural constituye un espacio de libertad e inclusión. El problema es que hoy habitamos un escenario atravesado por una pluralidad falsa, todo pertenece a unos pocos y la voz se encuentra atrapada por las fake news, cuyo contenido orienta el espectro de la vida cotidiana de las personas. Después del largo confinamiento, realizado con el propósito de mitigar el contagio del virus Sars-Cov 2, que provocó la pandemia de la Covid-19, en todas partes del mundo se radicalizó el miedo, el deseo de bienestar infinito y la búsqueda de la seguridad a ultranza, instrumentos estratégicos para la manipulación política y concentración económica.

Contrario a la experiencia que hoy nos domina, necesitamos edificar una sociedad de diálogo, alejada de autoritarismos, en la que todos seamos sujetos de reconocimiento e igualdad de derechos. Y, sobre todo, una comunidad en la que intentemos convencer al otro, en lugar de imponer nuestras razones. Cuando trasladamos estos principios a un gobierno, lo que importa es comprender políticamente que los aciertos (y desaciertos) existen porque los ciudadanos así lo acordamos, no por la imposición de una voz.

Las afirmaciones de verdad expresadas como respuesta última son, siempre y por encima de todo, afirmaciones de poder. Práctica que coloca en un primer plano una corriente de contenido teológico o mítico que circula por las alcantarillas de la democracia liberal, como bien apunta Manuel Arias Maldonado. En estos tiempos, es necesario luchar en contra de la pugna entre las distintas tribus morales que intentan imponer su discurso sobre la población. Se acusa a los regímenes liberales de ser menos eficientes que los autoritarios para enfrentar la pandemia, derivando en una escalada de populismo y nacionalismo expresada en la suspensión de las libertades individuales y descalificación de todo aquello que no se ajusta a los intereses particulares de un grupo.

No se trata de resaltar la contraposición entre un pueblo virtuoso y una élite corrupta que pone a la democracia al servicio de sus intereses, esta aseveración corre el riesgo de girarse contra le soberanía de las personas convirtiéndolas en instrumento de dominación, sino de promover la libertad, el diálogo, la solidaridad y la convivencia entre quienes piensan y actúan de manera diferente.

En lugar de escribir una historia de resentimientos políticos, de confrontaciones morales, tendríamos que volver letra los recursos de las personas por sobrevivir en condiciones extremas; explorar los principios que se expanden en los insumisos, de modo que aprendamos juntos a reescribir una nueva ética desde la que sea posible imaginar un lugar para permanecer juntos y actuar en la pluralidad. Afirmar la posibilidad de decir “sí” a la vida; no al asesinato, al crimen, a la exclusión. En los tiempos que corren, tenemos que apostar por una sociedad plural que escape de la épica del poder soberano que empuja al decisionismo populista.

 

 

Doctorada en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM y Posdoctorada por la Universidad de Yale

*Doctorada en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM y Posdoctorada por la Universidad de Yale

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