¿Qué demonios pasa con el caso Scherer y adláteres? | Querétaro

¿Qué demonios pasa con el caso Scherer y adláteres?

Juan Pablo Becerra-Acosta M.

Scherer y sus allegados necesitan a Dios para salvarse de Gertz Manero

De verdad, ¿qué demonios está pasando con el caso de Julio Scherer y sus colegas abogados Juan Antonio Araujo, César Omar González Hernández, Isaac Pérez Rodríguez y David Gómez Arnau?  

Por si usted no recuerda el asunto, Juan Collado, aquel abogado amigo de Enrique Peña Nieto, encarcelado por lavado de dinero y delincuencia organizada, denunció que fue presionado y extorsionado por esos abogados del primer párrafo, para despojarlo de su empresa financiera, “Caja Libertad”, y pretende lograr “un acuerdo reparatorio” con la FGR. Es decir, propone (o le sugirieron) denunciar a otros presuntos delincuentes de cuello blanco, a cambio de que él tenga penas leves. 

Lo que en realidad Collado quiso decir, fue que esos señores, amigos de Julio Scherer Ibarra, son presuntos cómplices del exconsejero jurídico, quien habría encabezado, desde Palacio Nacional, una red de tráfico de influencias con una vertiente de extorsiones hacia empresarios y otros despachos de abogados.  

¿Por qué? Porque el asunto va mucho más allá de Collado y las animadversiones del fiscal Alejandro Gertz Manero contra el amigo de Andrés Manuel López Obrador. Aquí, en las páginas de EL UNIVERSAL, publiqué el 26 de marzo pasado cómo se lo expuse a Julio Scherer Ibarra, cuando accedió a platicar conmigo dos veces (https://bit.ly/3NwIhwp) le dije que, independientemente del caso Collado y el evidente odio del titular de la FGR hacia él, había varias denuncias adicionales. 

Le señalé lo que, desde 2019, yo había reporteado en mis tiempos libres: los casos de dos empresarios que lo acusan de coaccionarlos para que amigos suyos, abogados fiscalistas de despachos prominentes, les resolvieran casos millonarios ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT).    

La segunda acusación es de cinco casos judiciales millonarios, llamémosles “robados”: amigos de Scherer, también de despachos muy conocidos, habrían presionado a clientes adinerados para que despidieran a sus abogados y los contrataran a ellos, bajo una advertencia simple, algo así como una propuesta (parafraseando a Don Corleone) que no podrían rechazar: que de no ceder, perderían todos los casos, y en cambio, si aceptaban les garantizaban éxito absoluto, gracias al poder y la influencia de quien fuera mano derecha del presidente. 

Julio me negó todo en ambas ocasiones que lo entrevisté. Lo hizo enfáticamente y exigió reunirse con quienes lo imputan, pero hasta este día no desean hacerlo, no solo porque todavía le temen al otrora segundo hombre más poderoso del país (política y jurídicamente hablando), sino porque desean ver en qué acababa el caso Collado.                  

Y justamente ayer, ese asunto tomó un cariz insospechado, cuando el juez Felipe de Jesús Delgadillo Padierna asestó un manotazo a la FGR, ya que desacreditó sus acusaciones. En realidad, no es tanto que el juez desacreditara a la FGR, sino la forma en que lo hizo: Delgadillo Padierna resolvió que la Fiscalía hizo acusaciones “ficticias”, que se condujo “con mala fe”, que actuó “con perversidad”, y que lanzó “amenazas” veladas contra los involucrados. 

“Si en su actuar (el de la FGR y por tanto el de Gertz Manero) existe perversidad, se necesita a Dios como abogado”, espetó el juez. 

O sea, que Scherer y sus allegados necesitan a Dios para salvarse de Gertz Manero.

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