Oscurantismo y libertad

23/05/2020
10:30
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En México hay muchos méxicos dependiendo de la región en donde pongamos el foco de nuestra atención. En esta ocasión, hay un contraste entre los Congresos de la Ciudad de México y el de Nuevo León respecto de los derechos sexuales y reproductivos y los derechos de la niñez y la adolescencia. 

El pasado 17 de mayo, se celebró el día internacional contra la homofobia, la transfobia y la bifobia. Este día, hace treinta años, la Organización Mundial de la Salud eliminó a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. A partir de ahí, en esta fecha se realizan una serie de eventos en el mundo que lleven a hacer visible la discriminación que sufren las personas homosexuales, bisexuales o transgénero y las acciones que hay que seguir desarrollando para su igualdad y ejercicio pleno de sus derechos. 

En Alemania, días antes, el Parlamento aprobó, la ley que prohíbe las terapias de conversión para “cambiar” o “curar” la orientación sexual de las personas homosexuales salvaguardando de esta manera la autodeterminación sexual. Estas terapias se aplican usualmente a los menores de edad con el consentimiento, presión, amenaza o engaño de sus padres. Solo la fracción de la extrema derecha votó en contra.  

En la Ciudad de México ya está presentada una iniciativa semejante y vamos a ver qué curso toma. En realidad, la propuesta debería ser nacional.

En contraste, en Nuevo León se aprobó, el jueves pasado, una reforma a la ley de educación que, sin una visión integral, reformó el artículo 7 —que es el que contiene los fines de la educación— para incluir en la fracción XII que habla de planificación familiar y paternidad y maternidad responsables, el respeto a la vida desde la concepción. Es la primera vez que este tema sale del ámbito de las leyes de salud y los códigos penales. 

Todo esto sin considerar que los contenidos de la educación formal en las escuelas, nada tienen que ver con los que niñas, niños y adolescentes reciben hoy por infinidad de fuentes abiertas. 

Por fortuna, a pesar de las diferencias ideológicas, los mexicanos vivimos bajo una misma Constitución, con principios muy claros, entre otros, el del Estado Laico y el de la educación libre de fanatismos y prejuicios. Asimismo, contamos con un último intérprete de ella, la Suprema Corte de Justicia, quien se ha pronunciado, en varias ocasiones, con posiciones de vanguardia sobre los roles y límites del Estado y la familia en la educación sexual de las niñas y los niños, de modo que, si las reformas de Nuevo León avanzan, podrían ser sometidas a revisión constitucional. Hay que estar atentos.   

 

Catedrática de la UNAM

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