Once partidos políticos tienen la posibilidad de participar en las contiendas queretanas. Partidos viejos, nuevos, renovados y refritos que gastarán millones de pesos en cachuchas, tortas, pintura y lonas para promocionar a candidatos y candidatas que suspiran por llegar a costa de todo y todos.

Candidatos que se rodean de minions lambiscones que como lapas se pegan al pez más grande para atrapar las morusas que salen de su boca. Qué importa que “el candidato” haya prometido la Secretaría de Desarrollo a 6 personas, algo le tocará, y si no ya vendrá otro.

En las listas nominales, para las llamadas pluris, quedarán en primer lugar los dueños (y dueña) del negocio de la política, los presidentes estatales y los anquilosados integrantes de las diversas fuerzas que ya le agarraron el modo a vivir de nuestros impuestos.

Se pagarán deudas. En nombre de la paridad se nombrarán esposas, hijas y amantes (y en muchos casos se pagarán deudas con candidaturas para las esposas, hijas y las amantes). Las curules y regidurías serán ocupadas, nuevamente, por quienes gastarán su tiempo (y nuestros impuestos) en actos de precampaña que iniciarán el día que tomen posesión porque nunca es tarde para ver por su futuro, ya que su única meta en la vida es entronarse en el tabique.

Once partidos que formarán alianzas aberrantes de grandes con chiquillos de pseudo-izquierdas con ultra-derechas, aunque sus supuestos principios no tengan nada en común, porque es bien sabido que la credibilidad y la congruencia no ganan votos.

Once fuerzas políticas que terminarán fusionadas en 3 o 4 monstruos de múltiples cabezas y que resultarán en el mismo bodrio de siempre, en la misma corrupción y en la misma impunidad y en algunos casos, como ocurre hoy, generarán engendros del fanatismo y el ridículo que luego negarán tres veces cuando sus locuras tengan costos políticos impagables.

Once partidos que verán la manera de darle vuelta a la obligación de postular mujeres en distritos y municipios con mayor población y mayor presupuesto y que volverán a pretender pintar de rosa la Sierra para quedarse con las carteras gordas de las ciudades grandes que siempre reditúan a sus bolsillos y a sus carreras políticas. Las mujeres de los once seguro pelearán por su derechos y pondrán a prueba las nuevas leyes que castigan la violencia de género. Mujeres fuertes que tendrán nuevamente al enemigo en casa.

Y los ciudadanos y las ciudadanas seremos sometidas a la tortura de ver sus fotos retocadas por todos lados. Escucharemos sus voces disonantes todo el día, a toda hora en todos los medios y nos daremos cuenta de que los que van a llegar son las y los mismos de siempre y que, quienes quisiéramos que lleguen no tienen, como siempre, la menor posibilidad.

Once partidos que buscarán convencer con promesas que no piensan cumplir y denostaciones contra quien incumplió.

Once de los que hoy no se hace uno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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