Los propósitos de mi nación

Jorge Gutiérrez de Velasco

Al igual que muchos mexicanos, al inicio de cada año, hago propósitos para mejorar mi existencia —y para incidir positivamente en la de aquellos junto a mi—: cuidar mejor mi salud, cambiando sustancialmente mis hábitos alimenticios; incrementar mi actividad física, retomando algún deporte o simplemente activándome de alguna manera; leer más y escribir con más orden y enfoque, o ser buen compañero de trabajo a través de mejorar la forma en que me comunico, trabajo o lidero equipos, por solo mencionar algunos propósitos quizá muy comunes para muchos.

Como nación, los propósitos, más que declaraciones fastuosas o superfluas, deberían ser programas y políticas públicas cuyos objetivos y parámetros de medición estén claramente verbalizados, con una claridad objetiva y no subjetiva de los impactos en la población y los sectores a quienes estén dirigidos. O al menos eso esperaría.

Ahora bien, lo verdaderamente interesante es entender nuestro rol y participación en el concierto nacional —como en el símil de una orquesta—, para tocar acompasadamente, para no desentonar vamos; es identificar dónde se deben encontrar los propósitos personales y profesionales con los institucionales y los nacionales, para todos sumar o multiplicar y no restar o dividir por decirlo de forma más franca. 

Con estas ideas en mente quiero iniciar esta década —aunque algunos dicen que inicia en 2021— con la primer reflexión #DesdeCabina. Que importante es el alineamiento de propósitos, objetivos y metas a objetivos, propósitos y metas más sublimes, de otro nivel y de mucho mayor impacto, porque cuando esto sucede la claridad de las acciones cotidianas y del esfuerzo diario se vuelven no solo llevaderos sino de mucho mayor alcance. 

Para los que tenemos la fortuna y responsabilidad de dirigir equipos de trabajo y transmitir el o los objetivos de la empresa u organización, resulta imprescindible comunicar con claridad la dirección que se deberá seguir, los objetivos que buscaremos cumplir y las metas que deberemos alcanzar; sin ello, trabajar se vuelve un ejercicio meramente mecánico, sordo y en ocasiones hueco, que lejos de comprometernos, nos desvincula de una realidad e incluso nos aleja de cualquier visión que espere la organización. Trabajar alineado a propósitos de mayor nivel produce una multitud de beneficios: nos genera sentido de pertenencia, al vincular el trabajo del día a día con el beneficio que, en el corto mediano y largo plazo, este produce; nos hace consientes de la importancia del esfuerzo, de los sacrificios y en general de las implicaciones que la participación, en lo particular, tendrá el trabajo que nos corresponda para sumar o multiplicar a los objetivos del siguiente nivel (nacionales, por ejemplo).

Hoy que recién arranca este 2020 -sea o no nueva década-, cobra mucha mayor importancia el alineamiento de los objetivos de las organizaciones con uno o varios propósitos más sublimes, de mayor envergadura, de alto impacto con aquellos a los que servimos. Con estas ideas y reflexiones arranco el año, con la convicción y determinación de que los objetivos y propósitos profesionales se alinean a los de mi nación, y que estos y sus gobernantes están alineados a ideales más sublimes, al bien común y a no cejar esfuerzos en mejorar las condiciones de la gran mayoría de los habitantes de este país, que es lo verdaderamente importante; lo demás, es lo de menos. 

 

Rector de la UNAQ  / @Jorge_GVR

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