Los distractores como métodos para debilitar instituciones de contrapeso | Querétaro

Los distractores como métodos para debilitar instituciones de contrapeso

Jesús Rodríguez Hernández

Ser hábil y conocer de elecciones no es igual a saber. El Presidente, político sin filtros e ideas fijas que oscilan con la ideológica entre la izquierda antidemocrática, la derecha y la extrema derecha, lo llevan a tener un pensamiento unidimensional antiquísimo. Sus últimas controversias, entre otras, van dirigidas a la UNAM, a la Organización Mundial de la Salud y la Suprema Corte de Justicia.

Al plantear que la UNAM se ha “derechizado” es una manera de sembrar las ideas que se necesitan para que, en un futuro no tan lejano, comiencen a encenderse otros problemas en la vida universitaria. 

Sin embargo, esta postura distractora del Ejecutivo federal va dirigida a provocar a las instituciones que son un contrapeso para su gobierno.

Este tipo de instituciones hacen que los sistemas presidenciales tengan gobiernos más estables, más eficientes y más socialmente responsables. ¿Cómo lograr el balance y resolver la tensión entre los peligros que supone una presidencia que raya en la autocracia y que se queda entrampada en la inmovilidad y la ineficiencia? La estabilidad, eficiencia y responsabilidad social están ligadas a la estructura de la división de poderes y a la configuración constitucional y real de los pesos y contrapesos. 

Los contrapesos institucionales son los límites que un poder tiene derecho a imponer sobre otro y derivan de la configuración de la forma de gobierno que adopta una nación. 

Los contrapesos de carácter político derivan de la correlación de fuerzas que surge de las elecciones, de la voluntad de los votantes como lo vimos en las elecciones pasadas, de ahí el disgusto presidencial.

Otro contrapeso es el control parlamentario, en su visión más amplia que es la constitucionalización o racionalización de la responsabilidad gubernamental, pues se aleja considerablemente de la idea de que el control es un instrumento cuyas finalidades principales son, sancionar, ratificar o destituir un gobierno para concebirlo como el instrumento que fija con precisión las relaciones entre éste y el Parlamento.

El ejecutivo utiliza distractores en sus múltiples expresiones. Una y otra vez ha expresado de diferentes maneras sobre la UNAM, que fue “cómplice de los gobiernos neoliberales y que no hizo crítica a todo lo que ocurrió en aquella etapa”. Deja a un lado que la UNAM fue un espacio importante para su triunfo. No hay que perder de vista que insiste en un cambio de ideología en la educación.

Los expertos opinan que probablemente, una de las posibilidades es que proyecte más división para la campaña de 2024, en la cual ponga de un lado a lo que él denomina ‘el pueblo’, lo que significa sobre todo un conjunto de segmentos de la población con los ingresos más bajos y también baja escolaridad, y del otro lado coloque al resto de la población, incluyendo a las clases medias.

Por otro lado, la economía no va bien y a este paso no es difícil predecir cómo terminara el sexenio de López Obrador en este tema.

Cuando inició su sexenio en 2018, tenía un bono relevante en cuanto a crecimiento económico de un PIB de 2.5 por ciento y la creación, en un sexenio, de cuatro millones de empleos formales.

Todo esto lo cambió el Ejecutivo federal, en 2019, al pasar de ese 2.5 por ciento positivo en el PIB, a -8.9 negativo y de haber perdido, tan solo en 2020, 647 mil 710 empleos formales. Se proyecta que en los tres años que restan de su administración seguirá con esa inercia que tiene como un preocupante indicador, el aumento de 5 millones de nuevos pobres.   

Expresidente municipal de Querétaro y ex legislador. @Chucho_RH

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