La crisis ya está aquí

Maricruz Ocampo Guerrero

Siempre he creído que se puede juzgar a un país por la forma en que trata a sus mujeres y el grado en que las mujeres de una sociedad gozan de autoridad y autonomía.

Es cierto. Nunca ha habido un mejor momento en la historia de México para nacer mujer. Hoy tenemos mujeres gobernadoras, presidentas municipales, legisladoras y juezas. Hoy más que ningún otro momento en nuestra historia cientos de mujeres lideran organizaciones y dirigen empresas, trabajan en fábricas y acuden a las aulas. Hoy la paridad garantiza que miles de mujeres participen como candidatas en los comicios que vienen. Hoy todas las mujeres tenemos la obligación de reconocer y agradecer el impacto positivo que la lucha feminista ha tenido y tiene en nuestras vidas.

Sin embargo, en muchas partes de México la gran mayoría de las mujeres no disfrutan de los mismos derechos que los hombres. En todos los rincones de nuestro país miles de mujeres, jóvenes y niñas viven encadenadas a enormes grilletes de desigualdad sin poder acceder a educación, atención médica, vivienda, empleo, el acceso a la justicia o a vivir libres de violencia. Por eso debemos celebrar a las mujeres que se han enfrentado a estos límites, han derribado los techos de cristal y han creado la ruta que hoy seguimos para acceder al poder.

La verdad es que la historia de las mujeres nunca ha seguido una línea recta para pasar de la oscuridad a la luz. Nuestra historia está llena de vaivenes, avances y retrocesos con libertades ganadas y perdidas entre un régimen político y el siguiente. La historia de las mujeres en México es una que establece límites en el ejercicio de nuestra sexualidad, que censura nuestras expresiones y limita nuestra libertad de decidir. Si algo nos muestra la historia de las mujeres es lo vulnerable que nuestros derechos son a los dictados de la política, la economía y la religión.

Así lo planteó Simone de Beauvoir, una de las voces más importantes en la historia del feminismo y de los derechos de las mujeres: “No olviden nunca que bastará con una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres se cuestionen. Estos derechos nunca son adquiridos. Deben permanecer alerta durante toda su vida”.

La crisis causada por la Covid-19 ha puesto en riesgos los derechos de las mujeres. Miles son esclavas sexuales, miles esperan un lugar en los refugios, miles a las hijas que les fueron arrebatadas. Once son asesinadas todos los días por el simple hecho de ser mujeres.

Hoy, más que nunca, tenemos que ser vigilantes de las acciones de los gobiernos que recortan el presupuesto destinado a la igualdad y la erradicación de la violencia y lo disfrazan de programas sociales. Hoy más que nunca debemos mantenernos firmes contra las fuerzas que buscan limitar nuestra autonomía y apagar nuestra voz. Hoy debemos defender lo que ya ganamos y exigir con fuerza lo que aún nos falta.

Simone de Beauvoir nos advirtió no bajar la guardia ante una crisis. La crisis ya está aquí.

 

 

 

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