09/10/2019
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Inexorable es el tiempo, no se puede evitar, eludir o detener. Entramos ya en el último tercio del año y comienza a vislumbrarse el ocaso de la segunda década del nuevo milenio. Las generaciones somos apenas un suspiro comparando nuestra vida promedio con la de nuestro planeta y del universo conocido al que pertenecemos. Sin embargo, es muy contrastante la velocidad con la que los acontecimientos ocurren cotidianamente y más aún cómo el entorno económico y social se transforman a nivel mundial, mostrándonos una perspectiva poco alentadora, obligándonos a reacomodar muchos propósitos, particularmente en lo que a la actividad económica se refiere.

El ámbito internacional, vemos cómo el modelo económico de la globalización viene variando y se nos presenta con una serie de ajustes propiciados por las diversas decisiones de las grandes potencias. Para algunos analistas, desde la crisis del 2008, la que se desató de manera directa por el colapso de la burbuja inmobiliaria en los

Estados Unidos y de ahí, con una de liquidez y repercutiendo en muchos otros ámbitos tales como el bursátil, el alimentario, hasta generar una de gran escala a nivel mundial. Desde entonces, comenzó a manejarse en muchas opiniones de especialistas, el inicio del fin de dicho modelo global.

Hoy, al paso de poco más de una década, otra vez se vislumbra la amenaza de una nueva crisis mundial por la suma de muchos otros factores como la caída de precios del petróleo, la guerra comercial entre China y los Estados Unidos, con las particularidades que van modificando las condiciones internas de política económica en estas dos potencias; la incertidumbre en torno al Brexit que se acerca al colapso por las infructuosas negociaciones entre el Reino Unido y la Comunidad Europea; la desaceleración en el consumo mundial, que reduce las ventas de países que han centrado su estrategia en las ventas al exterior y muchos otros aspectos, están forzando a revisar  esas y otras estrategias que se puedan implementar para modificar o sustituir los diversos mercados que se han ido fraguando hasta la actualidad.

El problema central reside en la incertidumbre general que inhibe las nuevas inversiones, siempre necesarias para generar los recursos que mueven el empleo y el consumo.

Aunado a ello, la imperiosa necesidad de enfrentar el permanente reto de combatir la pobreza y la desigualdad, que a su vez han generado otros serios problemas que afectan la anhelada armonía en la sana convivencia social en muchos países, entre ellos el nuestro.

Pareciera que el consenso del propósito general de cualquier modelo económico que combate amenazas, es propiciar tanto mayor ingreso y gasto familiar, como inversión empresarial para revertir y neutralizar los impactos negativos que ocasiones tumban, pero no noquean. Es fundamental entender que debemos actuar para intentar disminuir el impacto de todos los factores que vienen del exterior y que no podemos controlar, pero todo aquello que depende de nuestras decisiones  y de nuestro control, debe estar respaldado por un mayor análisis para dimensionar el alcance de lo que sí nos corresponde decidir.

Ojalá y la amenaza de una nueva crisis quede tan solo en ello y que nuestra voluntad sea como el tiempo: inexorable, para lograr superar los momentos difíciles, cuyo aire también sopla en la geografía de este Querétaro nuevo que deseamos conservar.

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