El ofertón de franquicias | Querétaro

El ofertón de franquicias

Mario Antonio Morales

Queda claro que la franquicia en México si algo no padece es en el aumento de nuevas marcas aún y en tiempos complicados por la pandemia y crisis. Hay consultores que hablan de una población de hasta mil 800 conceptos que se cobijan en este sistema de negocio.

Pero la alerta surge en la propia cuna de la franquicia, los Estados Unidos; “hay un problema”, hoy no se escala a las multiunidades, los dueños de franquicias no logran la ampliación de sucursales. "Las primeras dos o tres ventas de unidades fueron fáciles, pero nadie está haciendo fila para comprar la próxima ubicación" ¿Qué pasa? ¿No que se ganaría más dinero?

Se advierte que demasiados franquiciadores -quienes ofertan una franquicia- nunca derivarán un sistema exitoso, de buena fe. ¿Qué decimos entonces para el caso México y su universo de franquicias? ¿Cuando el dueño de un negocio piensa que tiene tal dominio del mismo que está listo para su transferencia a franquicia y no se da cuenta que son dos cosas diferentes?

No es lo mismo vender la pizza en su propio establecimiento, que buscar quién invierta ahora un millón de pesos en su nueva franquicia. Hay una curva de aprendizaje enorme y es esta la razón de que las franquicias luchen por sobrevivir sobre todo en los dos primeros años, y esto en contrasentido de quienes aseguran que al decidir por una de ellas, se tiene garantizada la continuidad por lo menos en los primeros cinco años.

“Cuando las nuevas unidades no se abren a tiempo o la economía de la unidad no está donde debería estar, la franquicia necesita reflexionar sobre su crecimiento y, a veces, traer experiencia externa”, coinciden expertos en el tema.
Las marcas sólo deberían colocar más acuerdos de franquicias si tienen las capacidades internas para respaldar a sus nuevos inversionistas.  “Este proceso de pensamiento de crecer demasiado rápido solo significa crecer más allá de los recursos y vender más allá de la capacidad de soporte de la marca”.

Las empresas deben asegurarse de tener suficiente personal y recursos para ayudar a los inversionistas en el proceso de firma, capacitación y desarrollo, ya que las regalías no llegarán hasta que las puertas del negocio estén abiertas.

En nuestro país el tema es por demás delicado, despachos de consultores cómplices que alientan el desarrollo exprés de negocios incluso sin condiciones mínimas para presumirse como franquicias, a salir en vilo en ferias y expos para sorprender al emprendedor; se formulan con gobiernos estatales iniciativas de certificación sin importar la inmadurez del concepto, su efectividad como inminente franquicia; se fabrican cursos y seminarios desde una inventiva continental que se presume como inmejorable fórmula; conceptos sin ética alguna que se “cocina” en horas, modelos al vapor que tienen en las redes sociales y buscadores, la ganga, el ofertón.

¿Cómo escapar de estas trampas? Se ha dicho que dos mediocridades nunca hacen una gran empresa, que sino se tiene el cuidado se terminará con un negocio mediocre y una franquicia también mediocre. ¿Y qué decir del inversionista sorprendido? La credibilidad sobre este modelo de negocio seguirá a la baja.

Seguir alentando desde la propia Asociación Mexicana de Franquicias que una principal facultad de este esquema está en que no es “carísimo” y “cuentas alegres” de que se crecerá hasta en dos dígitos en este 2022, es abonar al escepticismo de emprendedores. 

 

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