Arquitectura y aprendizaje | Querétaro

Arquitectura y aprendizaje

Pedro Flores-Crespo

¿Pudo haber escrito Karl Marx El Capital sin la atmósfera que creaba e inspira la biblioteca Británica de Londres?¿Sería igual de destacado el mago Harry Potter sin tener que haber estudiado en el internado de Hogwarts? ¿Cómo se relaciona el ambiente que crea la arquitectura con nuestras facultades para pensar, aprender y reflexionar? Esta última pregunta surge a partir del otorgamiento del prestigioso premio Pritzker de Arquitectura a Diébédo Francis Keré.

Nacido en Gando, una pequeña localidad de Burkina Faso, Keré salió de África para estudiar en Alemania —donde reside—, pero en 2001 volvió a su país para construir una escuela. Por fotos, uno puede observar un estilo sobrio de la primaria, cuyas ventanas de colores se abaten ante la sonrisa de niñas, niños y la manada de burros. De hecho, en el portal de su estudio, se menciona que este trabajo trató de resolver dos problemas de “muchos edificios educativos”: la falta de ventilación y de luminosidad.

Para la fundación que le otorgó el Pritzker, Keré posee una “identidad múltiple”. Es un arquitecto, educador y activista social que faculta (empowers) y transforma las comunidades a través del proceso arquitectónico. Además, en lugares en donde la infraestructura y la arquitectura están ausentes, ha hecho un uso inteligente de materiales locales para conectar y responder al clima natural. Con elocuencia, Keré piensa que no “porque seas rico debes desperdiciar el material y no porque seas pobre debes evitar la calidad. Todos merecemos lujo, confort y calidad”. 

El proyecto de la primaria de Gando ha sido tan exitoso que la matrícula creció de 120 a 700 estudiantes en 18 años. Además se construyeron una residencia para las y los maestros, un extensión, y lógicamente, una biblioteca cuyo techo tiene unos orificios hechos de manera asimétrica que iluminan acogedoramente y permiten la ventilación. Estos orificios, según la nota de Mar Muñiz, están hechos con vasijas artesanales de la aldea. Keré ha involucrado a las personas de la comunidad en su trabajo, pero esto no se limita con la pura mano de obra, sino también con la incorporación de “elementos identitarios” (El Mundo, 08.11.19). 

Ante la pregunta de combinar proyectos arquitectónicos “espectaculares” con otros denominados dentro de la “arquitectura social”, Keré responde que ambos “pueden complementarse siempre y cuando permitan tanto la innovación como la exploración de nuevas fronteras. Si uno se centra en un solo tipo de arquitectura, se está negando el potencial de aprender, explorar e influir en otros campos”. Es evidente que Keré no sólo es un reconocido arquitecto, sino también un maestro que posee la imaginación para crear ambientes iluminados no sólo en un sentido natural, sino también intelectual.

Al conocer la obra de Keré, innegablemente, uno se pregunta si las autoridades educativas y universitarias de nuestro país han considerado la íntima relación entre la arquitectura y el aprendizaje. Quizás sí, ahí está el Espacio Escultórico de la UNAM, los Palacios de la Educación en Veracruz, los cuales se describen en un magnífico libro coordinado por Ricardo Gómez Leyva, o el Patio Barroco de nuestra UAQ. Los espacios naturales, así como los recursos locales pueden aprovecharse gracias a la imaginación de personas como Keré y crear así bellos y relajantes espacios de aprendizaje y convivencia. 

Investigador de la Universidad Autónoma de Querétaro (FCPyS).

Comentarios