Abramos paso a la firma electrónica

Lucía Quiroga

Hemos sido testigos de cómo, con el confinamiento por Covid-19, se frenaron abruptamente muchas de las actividades que permitían que la economía fluyera, y cómo también esta misma pandemia impuso nuevos retos en la forma en que se hacen los negocios y se relacionan las empresas con los clientes. 

Estas nuevas circunstancias obligaron a buscar soluciones digitales que permitieran a las empresas, en un mundo remoto y condicionado a la distancia social, seguir operando.  

Un ejemplo de una herramienta digital que si bien es cierto ya existía, pero se volvió un soporte y permitió que las acciones legales, logísticas y administrativas no se frenaran en el país, durante el confinamiento y en la reactivación hacia la “nueva normalidad”, es la firma electrónica. 

Ésta es un conjunto de datos electrónicos que identifican al firmante de manera inequívoca y que, aunque parece tan simple, con ella estamos viviendo una transición de tal dimensión, como cuando en su momento hubo el cambio del sello de cera, a la firma manuscrita.   

Sin embargo, en México hace falta más conciencia sobre su uso, su utilidad y su importancia. ¡Estamos hablando que la firma electrónica es nuestra identidad en el medio digital! sin embargo ¿cuántos de nosotros no hemos compartido nuestra e-firma del SAT a nuestros contadores sin contemplar la dimensión de esto? ¿A poco dejarían su NIP de su cuenta bancaria en manos de otras personas? 

Alejandro Martínez Zambrano, CEO de Sora, startup mexicana especializada en identidad digital, me comenta que tal ha sido la utilidad de esta herramienta como un habilitador ante esta nueva realidad, que desde que inició el COVID-19 a la fecha, esta empresa ha tenido un crecimiento del 200 por ciento.  

Sora diseña plataformas para que los mexicanos puedan usar su firma electrónica entre particulares. Muchos conocemos la firma electrónica por el tema del SAT. Aunque cabe mencionar que de los 78.5 millones de contribuyentes que esta dependencia tiene registrados, a mayo del 2020, solo 15.6 millones han tramitado y cuentan con su e-firma.  

Pero ojo, no es sólo tener una firma digital, sino conocer los beneficios y todo lo que podemos hacer con ella. Pues aunque la parte fiscal es muy importante, nuestra vida está llena de actos jurídicos que tenemos que realizar y que pueden trasladarse a hacerse digitales, eliminando el tener que lidiar con procesos burocráticos, tediosos y que nos representan una gran inversión de tiempo.  

“Qué gran ventaja no ocupar todo un día para ir a la oficina de Gobierno a tramitar un permiso de construcción, renovar la licencia conducir o ir a hacer fila para votar. Todo es digital con firma electrónica, la vida es más simple y hacia allá vamos”, comenta el ejecutivo. 

La idea es digitalizar procesos, eliminar el papel, y hacer la vida más sencilla. Existen países como Estonia donde todo, o casi todo, se puede hacer de manera digital, exceptuando el matrimonio, el divorcio y la venta de un inmueble. 

“Por ejemplo, las empresas usan nuestras plataformas para firmar contratos comerciales con clientes y proveedores en lugar de estar pagando la paquetería y enviándolo a otra ciudad; o el área de recursos humanos usa nuestras plataformas para que firmen los empleados su recibo de nómina. ¿Imagínate lo insostenible que es recabar 7 mil firmas de manera física?”, precisa el fundador de Sora. 

Y si aún hay quien piense que firmar en físico es más seguro, déjeme decirle que la firma electrónica es mucho más segura que la autógrafa, ya que se puede identificar al autor de un mensaje y verificar que no haya sido modificado, porque su diseño se basa en estándares internacionales de infraestructura que blindan contra un fraude. 

Por cierto, en el mundo digital, las firmas tienen diferentes tipos o categorías. Por lo que no es lo mismo una firma electrónica que digitalizada, y es importante mencionar además que la ONU promulgó la Ley Modelo sobre las Firmas Electrónicas, siendo ésta la que México adoptó, caso contrario de Estados Unidos, país que desarrolló su propio modelo, que si bien es cierto en dicho país es totalmente legal, en México la regulada es la firma electrónica avanzada. Este breve panorama nos deja ver que quizá llegó la hora de apuntalar a México como uno de los principales países en el aprovechamiento de esta gran herramienta, cierto que hay grandes retos, como un nuevo mecanismo de identificación único de personas, pero el camino ya se está labrando. 

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